En palabras Revista La Justa

En Palabras: Todo sigue igual

Te acercamos un cuento del escritor y periodista mendocino Carlos Lepez. “¿Por qué no se habrá terminado el mundo? ¿Se terminará alguna vez?”.


Por: Carlos Lepez.


Y si rompiera el televisor? Si hiciera añicos la pantalla? Obligaría a mamá a que me escuche. Pero pobre, se va a poner a llorar, va a extrañar a su familia.

Todo sigue igual

Cuando llegó el año 2000 algunos decían que se iba a terminar el mundo. No sé si en alguna parte se habrá terminado, pero en Mendoza, fuera del mal tiempo que tenemos todo sigue igual. En casa también.

Sigue llegando el diario que yo no leo nunca. Para qué? Para estar informada de que la gente se sigue muriendo, que cada vez hay más robos y más violencia? No hace mucho que leí el caso de un hombre que jugaba al fútbol [un ídolo] como lo llaman muchos se drogaba. Y casi todos los diarios comentaron el caso a lo largo y a lo ancho de sus páginas. Lo convirtieron en un tema nacional. Al parecer no hay cosas más importantes, más positivas de qué hablar en la Argentina. Y esto significa que todo sigue igual.

A mamá le gusta estar informada. Desde que mi viejo se fue de casa, ella se refugió en el silencio y en la televisión. Se pasa las tardes enteras frente a la pantalla. Creo que lloró un poco una vez que Susana Jiménez se enfermó y no pudo verla por unos días. A mí me ve, pero como si nada.

Tampoco la noté muy preocupada cuando le dije que me he peleado con mi novio Marcelo porque todos los días me pide que me acueste con él y me niego. Se enoja, me amenaza. Cree que soy propiedad suya, el muy imbécil.

Hace algunos meses mi viejo se fue de casa, creo que se cansó de mamá, de la televisión, de todo. Lo sigo viendo, me da dinero para mis estudios y para otras cosas. Pero no quiere volver a casa y lo comprendo, pobre viejo. El matrimonio de mis padres fue un gran error compartido y ahora todos nos sentimos víctimas. Pero mi viejo es un gran tipo, lo sé.

No tengo ganas de acostarme con Marcelo. Y menos ganas todavía porque él piensa que tengo la obligación de darle una “prueba de amor”. Nunca pensé que el amor podía crear obligaciones. En todo caso la obligación la tenemos con nosotros mismos. No tengo ganas de ceder al capricho de Marcelo, en realidad no tengo ganas de nada. Es decir, solamente tengo ganas de tener ganas de algo.

Este año terminé el bachillerato y después no sé. Papá quiere verme en la universidad, que tenga un título algún día. Pero todos mis proyectos de vida naufragan en la incertidumbre. Quiero hacer muchas cosas y no quiero hacer nada. Me siento sola, es cierto, tengo padre y madre, pero me siento sola.

Un poco por eso me puse de novia con Marcelo, pero se terminó.

Siempre dice que por estos días las novias, todas las novias se acuestan con sus novios y le respondí que no tengo la obligación de ser como las otras novias. Fui más lejos todavía: le insinúe que sospechaba que todo lo que quiere de mí es llevarme a la cama. Se enojó y me amenazó. Le conté a mi viejo y fue corriendo a buscarlo a su trabajo. Le ha prometido una paliza si me sigue molestando y sé que el viejo es capaz de dársela. Porque me cuida mucho, me quiere, aunque no podamos vivir juntos.

¿Por qué no se habrá terminado el mundo? ¿Se terminará alguna vez? No más gente, ni más sufrimientos, ni dinero. No más nada.

Pero ahora sentada frente a la fuente de una plaza, sola conmigo misma y extrañamente tranquila, pienso en mi viejo. En mamá también, pero de manera distinta. Veo gente que me parece feliz, o por lo menos cree o simula serlo. Veo chicos de mi edad que se besan en un gran simulacro de amor. Quizás eso sea la felicidad para ellos. Pero yo creo en otras cosas, no sé…

Y entonces ya no tengo tantas ganas de que se termine el mundo. Y esta tarde llegué temprano a casa porque tenía ganas de hablar con mamá de estás cosas. Convencerla de que no podemos seguir viviendo así, que la vida no es solamente lo que ella ve por televisión. Su familia es Susana Jiménez, Marcelo Tinelli. Lo que a mí me aburre a ella la conmueve. Ríe y llora por cualquier cosa. A veces me gustaría ser artista de televisión, trabajar en una telenovela en el papel de una muchacha que sufre mucho. Sería la única manera de que mamá se interesara por mí.

Y si rompiera el televisor? Si hiciera añicos la pantalla? Obligaría a mamá a que me escuche. Pero pobre, se va a poner a llorar, va a extrañar a su familia.

Se me tiene que ocurrir otra cosa. Llegó el año 2000, yo esperaba que en Mendoza, en mi casa algo cambiará. Pero, por ahora, todo sigue igual.

(la piraña)
FOTO: (la piraña)

Agregar un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Cambiar )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Cambiar )

Connecting to %s