Informes Revista La Justa

Diario de un encuentro no binarie

Ariel tiene 19 años y este fue su primer Encuentro. También fue la primera vez que personas no binaries de todo el país lograron organizar un taller, que terminó desbordado y desdoblado en dos. Aquí, en primera persona, Ariel nos cuenta sus impresiones.

Fuente: Cosecha Roja


Me llamo Ariel, tengo 19 años, soy no binarie y este fue mi primer Encuentro Plurinacional de mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y no binaries. También fue la primera vez que se nombró masivamente de esta forma. Por suerte para mí, también fue la primera vez que se hizo el taller de no binaries, un taller que no habría existido si no fuera por la insistencia de nuestra comunidad.

Durante el taller hubo una sensación fuerte de que nuestros pies todavía no tocaban tierra, como que en cualquier momento se nos podía quitar ese derecho adquirido con mucha energía y mucho desgaste ante una comisión organizadora biologicista. Y que no lo íbamos a permitir por nada en el mundo.

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El primer día, el taller y el edificio estalló de gente y con mis compas no pudimos ni acercarnos a la entrada. Teníamos ganas de organizarnos. Por primera vez nos habíamos hecho un espacio acá. Así que encontramos un gimnasio abierto y armamos otro “no-oficial”. Casi al cierre del domingo, recuerdo a alguien diciendo “lo tradicional es el encuentro nacional de mujeres, esto no es tradicional”. Poco a poco se fueron acercando más personas y se dio una conversación que luego veríamos que se estaba dando en todas las demás interacciones del taller: el derecho al acceso a un DNI no binario. Hasta participó Gero Caro, una de las personas mendocinas que pudieron rectificar su partida de nacimiento sin género, aunque hoy el RENAPER y el Estado les están dejando indocumentades.

Se habló de las complejidades de este pedido y hasta hubo quienes sostuvieron que la validación de su identidad no pasa por un reconocimiento estatal. Pero para les que sí lo exigen por una multiplicidad de razones (entre ellas: “lo que no se nombra no existe”) estaba presente esa misma sensación de urgencia, y asimismo, un desgaste total.

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Entre todas estas emociones en conflicto hubo que plantear bases. ¿A quién estábamos dispuestes a recibir en nuestro taller? ¿Cómo íbamos a resguardarnos de les académiques o “curioses” que nos utilizan de ratas de laboratorio? ¿Dónde y cómo íbamos a hacerle el espacio a quienes tenían cuestionamientos genuinos y personales respecto a los conceptos que llevamos en el cuerpo y en la lucha? ¿Qué íbamos a priorizar a la hora de encontrarnos anualmente?

Tuve una reminiscencia a las asambleas del movimiento estudiantil secundario del que participé en Buenos Aires capital. Emoción ante el nuevo (y viejo) espacio de militancia, problemáticas que nos veíamos dibujadas en las caras de cada une de les presentes, miedo a ser pasades por encima por quienes se cargan la historia al hombro y olvidan que también hay presente y futuro. Nos faltó tiempo. Nos faltó espacio. Nos faltó pasarnos contactos y debatir más ideas y organizar más encuentros. Pero todo lo que sí hicimos fue un montón. Para muches fue un antes y un después. Un vernos las caras por primera vez. Gente de todo el país, de contextos radicalmente distintos donde el no binarismo significa otras cosas, donde está más o menos presente y más o menos visible.

Y por primera vez por fuera del imaginario virtual, hubo suficiente diversidad entre nuestra propia comunidad para ver algunas cosas. Entendimos que había mucho por hablar y por aprender aún. No somos homogénees aunque nos pinten así. La hegemonía no binaria con la que muches nos armamos es fantasía total. Desacordamos y somos individuos profundamente distintos. Nos une eso mismo: la ruptura de la expectativa.

Siempre está presente, sea verbal o no, la pregunta qué es el no binarismo. Se planteó una diferencia entre una ideología y una mera identidad personal. Yo no considero que esas dos cosas vayan por separado. Pienso que es una etiqueta a la que se llega luego de replantearse las estructuras existentes dentro de nuestra cultura respecto al género. Para algunes es abolición, para otres es resignificación. Para mí es ambas y es todo. Para mí es un planteo de la identidad de forma coyuntural:  varía de persona a persona pero aún es algo colectivo porque se construye a partir de esas otras experiencias también.

 

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